La Asamblea del PSOE de Leganés escenificó aún más la fractura y crisis de este partido en la ciudad. El `apaño´ entre el sector liderado por la reelegida Secretaria general Laura Oliva y el del alcalde y ahora nuevo presidente¿? del partido Rafael Gómez Montoya, ha servido para prolongar aún más el conflicto interno.Oliva habla del asunto hoy en una entrevista concedida a EL BUZÓN: “Se han cerrado casi todas las heridas y es nuestra responsabilidad que no se vuelvan a abrir”. Ese “casi” es más que elocuente. Ya el mismo jueves, durante la Asamblea de la Agrupación, se hicieron evidentes las diferencias en el discurso. Para Oliva hay mucho que mejorar. Para Rafa, todo va bien.
Las tertulias y foros del centro de la ciudad aún siguen preguntándose quién ha sido el ganador en esta Asamblea socialista. Unos dicen que Laura Oliva es la vencedora real y moral. No en vano seguirá controlando el `aparato´ y ha dado un paso de gigante para posicionarse como próxima candidata a la alcaldía. Además, su elección por la militancia corrobora la el apoyo y la apuesta realizada por el PSM de Tomás Gómez.
Sin embargo, para otros, no ha sabido `arañar´ terreno a Rafael Gómez Montoya en el Grupo municipal socialista y, por extensión, en el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Leganés. Sí, es cierto que los críticos ahora controlan el partido, pero el Grupo y el Gobierno local sigue estando en manos de Montoya.
Los protagonistas de esta historia apenas hicieron declaraciones el día de autos. Si Rafa daba primero con una nota de prensa desde el Grupo municipal señalando que el acuerdo derivaba de “la responsabilidad de tener un PSOE fuerte en Leganés”, Laura Oliva ofrecía una versión distinta explicando que la lista única se basaba en el principio de la “lealtad”.
Esa lealtad política deja entrever que existe algo bajo cuerda. Un compromiso no sellado que afectará, no lo duden, a la gobernabilidad de la ciudad y a las decisiones que el Partido Socialista tome a partir de ahora. No obstante, me da en la nariz que la `lealtad´ no durará para siempre o, mejor dicho, perdurará hasta que uno de los dos no ejerza como un político leal a su partido y su Agrupación. Mañana mismo (martes día de pasión en Plaza Mayor) podría ser.
Con los socialistas tirándose los trastos a la cabeza, Jesús Gómez se frota las manos mientras mira un calendario del año 2011. Un piso más abajo, Carlos Delgado, portavoz de ULEG, sabe que en este río revuelto si te pones a trabajar para el vecino, siempre acabas sumando.
Nos quedan los socios de gobierno. ¡Ay Izquierda Unida!. Esperan que la salida de Gaspar Llamazares consiga ese efecto llamada que les devuelva, como la Coca Cola, la chispa de la vida. Han pasado de estar en todas partes a entonar aquel estribillo “me llaman el desaparecido” de Manu Chao, y eso no es ni bueno ni malo. Simplemente supone que no estás.
Nos asomamos a 2009 y el vecino sigue tomando nota.



